jueves, 12 de marzo de 2015

Relación cultural entre Virú y  Moche
Freddy  Esteban Quiñones Serran
Resumen:
Este investigación intenta establecer la relación cultural entre Virú y Mochica, para ello, exponemos el punto de partida de tan polémico tema en el mundo de la Mochicología; el descubrimiento de la cultura Virú por Bennett y, la asociación de cerámica y asentamientos con la cultura mochica. Manejamos las teorías de la influencia “histórica-cultural”, en la que se desarrolló la Mochicología, desde sus inicios hasta los años ´90 del siglo pasado. Y, terminamos con la nueva etapa por la que está pasando la arqueología mochica, presentando las más recientes teorías del “nuevo paradigma Moche”.
Palabras claves: Mochica, Virú, cultura, relación.
Abstract:
This research attempts to establish the cultural relationship between Viru and Moche, for this, we present the starting point of such a controversial topic in the world of Mochicología; the discovery of the Viru Culture by Bennett and the association of pottery and settlements with the Moche culture. We handle the theories of "historical and cultural" influence, which developed the Mochicología, from its beginnings to the 90s of last century. And we end with the new phase that's going Moche archeology, presenting the latest thinking of the "new paradigm Moche".
Keywords: Moche, Viru, culture, relationship.

Introducción
A mediados de los años de 1950, los investigadores del “Proyecto Valle de Virú” y Larco Hoyle se reunieron en la hacienda de Chiclín para discutir uno de los temas más polémicos y relevantes de la cultura Mochica: la relación que esta cultura mantuvo con la cultura Virú (Willey citado por Tinoco 2010: 100).
En este evento, transcendental para la Mochicología, se dieron dos conclusiones que perduraron alrededor de 50 años: la primera, fue la aceptación de que la cultura Virú era anterior cronológicamente a la cultura Mochica y la segunda, fue la conquista militar del valle de Virú, parte del territorio de la cultura Virú, por los mochicas. Además, en esta reunión, Larco Hoyle (1948: 7) presentó su cuadro cronológico de las culturas arqueológicas de la costa norte del Perú y la secuencia cronológico- estilística de la cultura Mochica.
Sin embargo, como suele suceder en el mundo de la ciencia, estas teorías fueron cuestionadas a la luz de nuevas evidencias, que han obligado a la  arqueología mochica experimentar un proceso de innovaciones y reinterpretaciones acerca de su origen, desarrollo histórico, político y cultural (Tinoco 2010:100)
1.      LA CULTURA VIRÚ
El descubrimiento de la cultura Virú se le atribuye a Bennett, aunque este arqueólogo estadunidense designó en 1936, tras hallar una cerámica muy peculiar (cerámica negativa) en la huaca “Gallinazo”, en el valle de Virú, como la cultura arqueológica Gallinazo (Bennett citado por Tinoco 2010: 103)- termino que no emplearemos en este artículo, por optar la denominación de Larco; Virú, que creemos es la más apropiada para esta cultura -.
Tras este descubrimiento, Bennett propone, mediante análisis estilísticos, la posterioridad cronológica de esta cultura en referente a la cultura Mochica; teoría que Larco (1945) descartaría posteriormente al presentar evidencias estratigráficas, producto de sus excavaciones realizadas en el valle de Virú, que le permiten  establecer la etapa “Virú auge”, la cual era cronológicamente anterior a Mochica, por encontrarse en estratos inferiores de Moche III y IV. Sin embargo, afirma que en el valle de Chicama, “Virú auge” es contemporánea con los periodos iniciales de Mochica, pues encontró evidencias de ambos estilos en un mismo contexto funerario (citado por Tinoco 2010: 103).
Asentamientos Virú en los valles de la costa norte
Larco (1945) establecería las posibles áreas geográficas de ocupaciones Virú en los valles de Virú y de Santa y, en menores proporciones, los valles de Chicama y de Moche (2010: 103).
Pero, en 1978, el proyecto  arqueológico Sicán arrojó los resultados de la distribución Virú en la costa norte- por el norte, el río La Leche (posiblemente hasta Piura) y, por el sur,  hasta el valle de Casma -. Similar extensión que posteriormente alcanzarían los mochicas (Shimada y Maguiña 1994: 33).
Tras esta delimitación geográfica de la cultura Virú, se ha venido estudiando los lugares específicos que ocuparon, lo que ha permitido una mayor acumulación de información que se desconocía hasta entonces.
Sin duda alguna, el valle más estudiado ha sido Virú (figura N°1),  por ser su centro principal de desarrollo y por llevarse a cabo el Proyecto Valle de Virú en 1946, brindando valiosos aspectos de esta cultura, como: el patrón de asentamiento Virú en la parte baja de este valle, las formas y tipos arquitectónicos, el adobe como un material Virú principal, la construcción de centros cívicos- ceremoniales, etc. (1994: 33,35).
En lo que respecta a los valles sureños(1994: 35-38); el valle de Santa, durante el Suchimancillo temprano- contemporáneo al periodo Virú temprano y medio- se observan cambios de asentamientos y características que evidencian una clara ocupación Virú en este valle.
Lo más intrigante es que no existen evidencias registradas de ocupación Virú en el valle de Nepeña, pero más al sur, en el valle de Casma, sucede todo lo contrario. La presencia de cerámica negativa, típica de Virú, y de arquitectura- entre ellos, un ejemplo de arquitectura compleja que se presume funciono como un centro local o regional- nos muestra una gran ocupación Virú en este valle.
En lo que respecta a la valles norteños; Ubbelohde- Doering (1994: 38) ha registrado, en la parte baja del valle de Jequetepeque, evidencias Virú que llegaron hasta  el periodo moche V (Horizonte Medio Temprano).
En el valle de lambayeque, la parte media , según William D., fue el patrón de asentamiento Virú y se registraron evidencias que revelarían una posible ocupación Virú, durante su contemporaneidad moche El sitio Virú más importante en este valle fue cerro “Orejas”, con una extensión de 3 kilómetros (1994: 40).   
La cerámica utilitaria Virú  ha sido encontrada, en este valle, en lugares como: cerro “La Puntilla”, área de Pátapo- Pucalá, Sipán (alrededor de cerro Blanco), zona Chaupiyunga (Chongoyape- Carhuaquero), cerro Sajino, cerro Vichayal, cerro Huaringa, cerro “La Calera” Paredones- huaca Letrada y huaca Merced en Batangrande (1994: 40-47).
A pesar de esta amplia distribución que tuvo la cultura Virú en la costa norte, su arquitectura monumental y su desarrollo agrícola, no ha sido valorada como su contemporánea: la cultura mochica. Sin embargo, para comprender  la cultura mochica, es necesario, también comprender la cultura Virú (1994: 31).





Figura N°1: Mapa del Valle Virú indicando los sitios arqueológicos más importantes. Fuente: Larco citado por Castillo 2009.

2.      OTRA CULTURA: NUEVAS INTERPRETACIONES
A fines de 1950, aparece en el valle alto de Piura, objetos de metal (oro y cobre) y  cerámica con similar estilo mochica, procedente de huaqueos y excavaciones clandestinas, que se convierten en un enigma para los investigadores de aquella época (Murro citado por Tinoco 2010). Y, que según las informaciones brindadas por los huaqueros, podían tener una afiliación cultural: Cupisnique, Salinar, Virú y Mochica; las cuales se entremezclaban en los mismos contextos, junto con un estilo nuevo, denominado Vicús (Guffroy, Kaulicke  y Makowski 1989).
El descubrimiento de la cultura Vicús, generó nuevas interpretaciones y, como era de esperarse, el personaje más importante de la arqueología del norte: Larco (citado por tinoco 2010: 103), se hizo presente al afirmar que la presencia de cerámica es una prueba contundente del gran territorio que manejaron tempranamente los mochicas y, que hasta entonces, era desconocido. Esta teoría será extendida por Klein (citado por Tinoco 2010: 108), al explicar que lo ocurrido en Vicús, se debía a que esta zona era el origen y expansión de moche, iniciado en el valle alto de Piura hasta los valles de Chicama y moche, por el sur.
Sin embargo, los (6) primeros fechados radiocarbónicos de la cerámica Vicús, realizado por Disselhoff (1968), arrojaron una antigüedad, a excepción de uno, entre los 250 y 620 d. C (intermedio temprano), es decir, la cultura Vicús se desarrolló contemporáneamente con la cultura mochica, descartando la teoría de Klein (Guffroy, Kaulicke y Makowski 1989: 125).
3.      ENFOQUE DE INFLUENCIA “HISTÓRICO- CULTURAL”
La arqueología “histórico- cultural”, introducida al Perú por el antropólogo estadunidense Kroeber, se basa en que un conjunto de objetos que comparten rasgos estilísticos  y un mismo ambiente geográfico, determinan su pertenencia a una cultura arqueológica (Castillo y Donnan 1994 citado por Tinoco 2010: 101) y, la evolución estilística presente en sus manifestaciones culturales, desde la más arcaica hasta la más compleja, evidenciarían el proceso de su historia, en aspectos políticos, religiosos, sociales, etc. (Makowski citado por Tinoco 2010: 101).
Uno de los más notables representantes de esta corriente arqueológica es Larco Hoyle (2001); quien apoyándose en este enfoque pudo establecer una secuencia estilística-cronológica (figura N° 2) de la cultura mochica y, con ello, explicar que la dispersión de la cerámica mochica a los valles aledaños era por dos posibles razones: migración o conquista; inclinándose por esta última, por el carácter de las representaciones iconográficas del guerrero mochica. Esta primera conclusión, le permitió afirmar que los mochicas conquistaron los valles de Chicama y de Moche y, durante Moche III y IV, conquistaron el valle de Virú.
 
 Figura N° 2: Secuencia cerámica de los territorios Mochica Norte y Mochica Sur. Fuente: Castillo y Uceda 1994.

A las mismas conclusiones llegarían los integrantes del Proyecto Valle de Virú; Ford (citado por Tinoco 2010: 104), mediante la cerámica hallada en Huancaco- vasijas “blanco sobre rojo” y huacos retratos, clasificadas por Larco como cerámica mochica y, la cual denominaría como “Huancaco decorado”-, sostiene que el estilo Virú fue remplazado por el estilo Moche III, consecuencia de la conquista militar del valle de Virú por los mochicas. Aunque, subraya que la cerámica utilitaria Virú, permanecería con las mismas formas y técnicas (Castillo y Donnan citado por Tinoco 2010: 104). Por otro lado, Willey (1953: 396) mediante la arquitectura presente en Huancaco, determina que si bien las manifestaciones arquitectónicas de Virú tardío se mantienen en el periodo Huancaco, las nuevas características de influencia mochica, implicarían una conquista militar al valle de Virú, parte del territorio de la cultura Virú, por la cultura Mochica.   
Estas primeras conclusiones, giran en torno a las investigaciones dentro del territorio del valle de Virú, pero nos es necesario conocer que pasó en los demás valles de ocupación Virú. Y, antes de ello, es preciso detallar que esta cultura no funcionó como un estado unificado sino, como entidades presentes en cada valle (cacicazgos); los cuales compitieron con las entidades mochicas y, fueron conquistadas, pero en distintos escenarios temporales (Shimada y Maguiña 1994: 33).
Durante los años de 1962 a 1974, se realizó el Proyecto Moche-Chan Chan, que mostró como la entidad  mochica consolidó su poder  conquistando primero a la entidad Virú, en el valle de Moche (Topic citado por Tinoco 2010). En los demás valles, los hechos son parcialmente distintos; según Shimada y Maguiña (1994), en el valle de Lambayeque, durante los periodos Mochica I y II, se vive en una posible coexistencia pacífica entre ambas culturas; en el valle de La Leche, se presume que la población Virú, adoptase gradual y pacíficamente el estilo mochica, por lo menos hasta Moche III. Pero, durante este periodo, la entidad que ocupa el valle de Santa será conquistada por los mochicas. La misma suerte tendrían, los Virú de Casma, al ser conquistados en los periodos Moche III y IV (Wilson citado por Shimada y Maguiña 1994: 37). En el valle de lambayeque, durante la transición moche IV-V (550-600 d. C), se ha registrado el traslado de esta entidad Virú a Pampagrande, donde fueron organizados en barrios, como consecuencia de la conquista militar Mochica a los Virú.
Este enfoque plantea que el colapso moche se debe a la pérdida del control de los valles de Virú, de Santa y de Nepeña, pues en estos valles, la presencia de cerámica Moche V es ausente. 
4.      ENFOQUE DE INFLUENCIA DEL “NUEVO PARADIGMA”
Actualmente, la arqueología mochica, está dejando de lado el enfoque “histórico-cultural”, con el fin de comprender la complejidad y antagonismos de Moche, desde otra perspectiva. Tal y como lo describe castillo “creemos que el avance más importante de la arqueología mochica en los últimos años se debe a esta predisposición de asumir un paradigma mas flexible, donde muchas cosas son posibles a la vez, donde el desarrollo tomó formas y direcciones impredecibles” (Castillo y Uceda citado por Tinoco 2010: 119).
Con este “nuevo paradigma”, asimilado por algunos investigadores hace un cierto tiempo, se han obtenido nuevas y completas interpretaciones de lo que se conoce como Moche. 
Para Bawden (1994), Donnan (Castillo y Uceda citado por Tinoco 2010: 118) y Mann (1986), el fenómeno Moche fue un sistema religioso, manejado por la elite, que adoptaron y unió a las sociedades de la costa norte  en el intermedio temprano. Estas culturas- Salinar, Virú y Vicús- contaban con sus propias características, pero al propagarse el fenómeno Moche por toda la costa norte, compartieron una misma cosmología, que permitió la intensificación de sus relaciones, ya antes existentes.
Actuales evidencias arqueológicas explican que este proceso de “mochicanizacion” en la costa norte fue desarrollado de forma pacífica, al menos sin alterar la cultura material popular. Esta teoría, encuentra sustento en la presencia, en asentamientos pequeños y rurales, de fragmentos o tiestos de cerámica fina ceremonial moche como un objeto simbólico de dicho fenómeno. Además, este nuevo paradigma plantea que el colapso moche se debió al debilitamiento del sistema religioso mochica por la introducción de otros sistemas religiosos.
También, existen otras interpretaciones, a partir de hallazgos de cerámicas conocidas como cántaro “cara-gollete” (figura N° 3), en el mismo contexto con cerámicas mochica, como lo menciona Mujica y Uceda (2003), durante estos 20 últimos años de excavaciones, se han podido recuperar dispersos, en los territorios de mochica del norte y del sur, fragmentos y cerámica cántaros “cara-gollete” de estilo Virú. Aunque, lo que más llama la atención es que este tipo de cerámica aparece asociada a cerámica mochica de todas las fases estilísticas, pero no solo en contextos funerarios sino también en estructuras monumentales, talleres de cerámica, zonas residenciales, etc.
Esta asociación es explicada como dos expresiones artísticas, pero que provienen de un carácter unitario, es decir, la cerámica fina ceremonial pertenece a la elite mochica y la cerámica cántaro “cara-gollete”, es una manifestación ce cerámica utilitaria, perteneciente al pueblo mochica (Uceda y Mujica 2003; Castillo y Uceda citado por Tinoco 2010 y Castillo 2009).  


Figura N° 3: Cántaro “Cara-Gollete” de estilo Gallinazo (Millaire y Morlion citado por Tinoco 2010)

Discusión

La arqueología mochica desde sus inicios ha manejado la corriente “histórico-cultural” para entender su origen, desarrollo, expansión y colapso. Por ello, ha sido limitada y aún desconocemos ciertas características de esta cultura, puesto que la Mochicología, bajo esta influencia, se ha encargado básicamente en estudiar la cerámica fina ceremonial, la arquitectura monumental y las cámaras funerarias de los personajes de elite y, ha dejado de lado a la población, con sus respectivas manifestaciones (Tinoco 2010).
Entendemos, que el estudio de lo monumental, la riqueza y lo estilístico, aporte enormemente para entender la vida de las personas que dominaron a un número de gente e hicieron posible el desarrollo de una cultura con la imposición de ideologías religiosas, nuevas tecnologías agrícolas, arquitectónicas, sociales, artísticas, etc., pero entender la vida cotidiana de los pobladores de cierta cultura, en este caso Mochica, abriría paso a nuevas interpretaciones que podrían terminar con ciertos hallazgos “enigmáticos”, que hasta el día de hoy persisten en esta cultura. 
No menospreciamos lo que la arqueología “histórica-cultural” ha logrado brindarle a la Mochicología, sin embargo, nos encontramos en la necesidad de recurrir a “nuevos paradigmas”, frente a la acumulación de información y de hallazgos arqueológicos que no caben en las teorías propuestas por la corriente “histórico-cultural”.  
Actualmente, se están manejando estos “nuevos paradigmas”; otorgando teorías que cubren ciertos vacíos en diversos temas de la cultura mochica- situación que la Mochicología no podía acceder hace unas décadas por seguir la línea del “historicismo- cultural”- como: la denominación del fenómeno moche como un sistema religioso, que unificó a las culturas de la costa norte durante el intermedio temprano, por Donnan (Castillo y Uceda 2008).
Lo más relevante de esta “nueva etapa” en el entendimiento de la cultura mochica, es la predisposición que menciona Castillo (2009), tienen los estudiosos de esta cultura, para asumir un “nuevo paradigma” que permita a la Mochicología encontrar su línea a seguir. No olvidando, como lo subraya Shimada y Maguiña (1994) que una parte esencial para comprender este fenómeno religioso Moche, como es considerado hoy en día, es también estudiar las culturas desarrolladas de la costa norte, pues sus estudios son muy pocos.
Conclusiones

La arqueología, como toda ciencia, cuestiona las teorías existentes en un determinada tiempo, mediante nuevas evidencias que coloquen en “jaque” dichas teoría. De esta forma, podremos decir que las teorías que hoy reemplazan las anteriores, tendrán el mismo ciclo.
La influencia “histórico-cultural”, como todo corriente de una ciencia, presenta sus pro y sus contra. En este caso, esta corriente encerró a la Mochicología bajo sus principios y no le permitió irse más allá de lo estético, monumental y de la riqueza; pero también le brindó un “arma” de datación, como es la secuencia estilística-cronológica de Larco, que aún es aplicado.
La presencia de este “nuevo paradigma”, responde a al debilitamiento de las teorías de influencia “histórico- cultural” y, la necesidad de hallar nuevas perspectivas que ayuden a comprender lo conocido como Moche. 
Manejando la teoría de moche como un sistema religioso, podemos explicar porque en todo la costa norte, la asociación de distintos estilos de cerámicas es algo muy común, sin olvidar, continuas ocupaciones en los valles en distintos tiempos; las cuales podemos considerar como una primera etapa independiente político, económico y, sobre todo, religioso y,  una segunda etapa bajo el sistema religiosos moche propagándose por todo el territorio de la costa norte.



Agradecimientos:

Antes que nada, agradezco a Dios por haberme dado la capacidad para realizar este trabajo, a mi familia que me brindo los medios para alcanzar finalizar este trabajo y a mi estimado profesor Julio César Fernández Alvarado, por haberme brindado bibliografía valiosa para llevar a cabo este trabajo.

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2 comentarios:

  1. Mi primer artículo, que sé debo presentar errores, pero es mi inicio a mejorar académicamente. Espero sus críticas.

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  2. joven freddy su articulo esta muy interesante y aporta mucho a nuestra cultura ese es el primer de muchos mas que vendrán felicidades!!

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