sábado, 29 de agosto de 2015

Ocupaciones tempranas Post- pleistocénicas en la sierra de los andes centrales



                                                                                                                             Peter Kaulicke
Introducción 

Investigadores, como Max Uhle y Tello, se preocuparon por entender y conocer el inicio de las sociedades complejas en los andes centrales. Por un lado, Tello hablaba de una teoría autóctona que se encontraba en la sierra y en los valles interandinos. Confrontando esta teoría, Uhle planteaba una teoría inmigrante sobre una supuesta procedencia de grupos mesoamericanos a los andes centrales. Sin embargo, ninguno de estos investigadores contaba con evidencias arqueológicas lo suficientemente confiables para tales suposiciones.

A mitad del siglo XX, tras estudios rigurosos y sistemáticos, se obtuvieron por resultado el hallazgo de evidencias que convertirían diversos ambientes de los andes centrales en los escenarios de innovaciones culturales cruciales (inicios de la agricultura y ganadería, obtención de materias primas e intercambio) en periodos tempranos. Mencionadas características permitieron la formación y el desarrollo de las sociedades complejas en el periodo Formativo.

Kaulicke, un gran investigador de periodo arcaico describe el aprovechamiento de la diversidad de recursos en los microambientes andinos a raíz de las herramientas halladas en estos contextos. Otro investigador, no menos importante, Onuki desarrolló proyectos en Kotosh, la cuenca de Cajamarca y Kuntur Wasi. Evaluando el origen, desarrollo e interacción dinámica de los centros ceremoniales más tempranos de la sierra.  

Desarrollo 

El medio geográfico (Puna, cordillera de Los Andes, Cuenca amazónica y corriente de Humboldt) generaron la formación de numerosos nichos ecológicos y ecosistemas sumamente complejos que tenían acceso a una fácil producción agrícola y conexión entre las regiones serranas y costeñas de nuestro país. 

Tras los intentos fallidos de Tello y Uhle en la búsqueda de los orígenes de las sociedades complejas, diversos investigadores se entusiasmarían con esta idea. Por ello, surgieron una gama de investigadores que mencionaremos con sus respectivas aportaciones a este periodo.

Tshopik investiga numerosos abrigos rocosos en la cuenca del río Mantaro, en donde rescata herramientas de piedra anteriores a 1 700 a. C. Pero, el investigador con gran aporte sería Cardich con sus investigaciones en Lauricocha que le brindaron fundamentos para una prehistoria en los andes centrales, establecer el periodo arcaico entre  8 000 a 3 500 a. C.  y definir cronológicamente, de forma exhaustiva, gran parte de Sudamérica.  

Otros investigador destacado es Mach Neish, quien logra establecer entre  9 000 a 1750 a sitios como Puente, Jaywa, Piki, Chichua y Cachi, y  aproximadamente hacia los 20 000 a Pacaicasa y Ayacucho. Este último fechado sería rechazado por los científicos sociales ya que superaba largamente a los años que se suponía el hombre llego América (aproximadamente hace 11 años, fechado más aceptado). Sin embargo, este investigador no será tachado como un incoherente por sus aportes innovadores; en primer lugar, realiza una prospección exhaustiva  en casi 100 sitios en un solo valle interandino. Como segundo punto, compara las secuencias estratigráficas, realiza inventarios de las herramientas halladas y los fecha usando el radiocarbono 14. También proporciono evidencias de una gama de estrategias de subsistencia humana y la construcción de un proceso evolutivo.

Se puede hacer referencias de otros investigadores como Lynh y sus investigaciones en Guitarrero (Callejón de Huaylas); Engel en Tres Ventanas (abrigo roco en el valle alto de Chilca) y Matos Mendieta en Uckumachay (1973), Pachamachay (1969, 1973 y 1975), Panaulauca (1975, 1978 y 1984) y Telarmachay (1979 y 1980).

El incremento de proyectos enfocados a este periodo se vería truncado por la inestabilidad y crisis política de nuestro país. Solo Cardich seguirá trabajando en un abrigo rocoso cerca de Cajamarca, cuyo resultado se publicarían en un breve ensayo.

Después de esta situación, Aldenderfer realiza investigaciones en Asana, ubicado al borde de  la puna de Moquegua, en donde identifica una estratigrafía muy compleja  que abarca todo el periodo arcaico. Ello le permite establecer una cronología entre 10 500 a 3 500 con 7 fases.

Los diversos estudios descritos, han permitido la elaboración, por lo menos, hoy aceptado de la siguiente secuencia cronológica:

1.      Fase Paleoindia (12 000 – 8 000 a. C.).
2.      Fase Arcaico Temprano (8 000 – 6 000 a. C.).
3.      Fase Arcaico Medio (6 000 – 5 000 a. C.).
4.      Fase Arcaico Tardío (5 000 – 3 500 a. C.).

Las estrategias de subsistencia en la sierra durante el arcaico.

Los lugares que los investigadores han estudiado en su mayor número son los abrigos rocosos por los múltiples hallazgos de herramientas líticas y ocupaciones de grupos humanos tempranos. En su menor proporción, se encuentran estudiados los campamentos al aire libre ya que su posición ha sido presa fácil de la disturbación y deterioro de las herramientas líticas y, con ello, de información no confiable. Pero, se presume que los grupos humanos tempranos debieron ocupar otros lugares que hasta hoy se desconocen.

Se ha postulado una movilidad extrema entre la costa y la sierra, como alternativa de la forma de vida más sedentaria de los cazadores- recolectores de la sierra de la región Junín. Sin embargo, Kaulicke subraya que es incoherente la idea de que los grupos costeros hayan dependido de la caza como su principal fuente de obtención de recursos teniendo la gran abundancia de productos marinos. Esta conclusión permite diferenciar estrategias de subsistencia en determinadas regiones.
En lo que respecta a la Puna, las evidencias halladas del periodo arcaico temprano revelan un buen aprovechamiento de los diversos recursos que ofrecía esta región. Mencionada teoría se confronta con la figura generalizada de grupos cazadores- recolectores que solo en el periodo arcaico tardío iniciaron el proceso al estado de pastores y agricultores.  

La sierra ha desarrollado un papel muy importante en diversos aspectos de la vida humana. En el origen de productos agrícolas destacan especies como la papa, la oca, el olluco, el frijol y la maca, que posteriormente serían trasladados a la costa.  De la misma forma, el origen de la domesticación de camélidos (llama, alpaca, guanaco y vicuña) aunque se dificulta en el registro arqueológico la identificación de las especies ya que estos materiales se encuentran en cantidad o disturbados.
Los sitios investigados, según su ubicación, pueden dividirse:

·    Campamentos base visitados frecuentemente: Presenta una secuencia larga de pisos de ocupación.
·        Campamentos base visitados brevemente: Presencia breve de pisos de ocupación.
·       Campamentos base visitados por lapsos breves: Aquí encontramos los campamentos de caza y talleres líticos.
·        Sitios con arte parietal.

Se presume que durante los 7 100 - 6 500 a. C., las actividades públicas y religiosas ya tenían un papel primordial en las sociedades humanas. Esta  conclusión se da a raíz de un hallazgo de “edificio” que ocupa un área aproximada de 14 m2, rodeado de pequeñas chozas y que no tiene huella alguna de preparación, lo que implica una posible función pública y quizá, como Kaulicke también revela un posible antecedente de los centros ceremoniales (2004). Es relevante mencionar que el arte parietal se desarrolló simultáneamente  a este tipo de estructuras,  lo que la idea de religión es aún más probable. 

La importancia del periodo arcaico en la sierra para el desarrollo de la complejidad social.

Las investigaciones más importantes se realizaron durante la década de 1930. Sin embargo, las interpretaciones de ese entonces deben considerar como obsoletas, un adjetivo nada apropiado que utiliza Kaulicke, ya que  a nuestra opinión estas interpretaciones fueron los cimientos del estudio de este periodo, a pesar que dichas ideas no aceptaran el inicio de la complejidad social antes del final del Arcaico Tardío. 

En otro aspecto, Kaulicke hace mención de la ignorancia de alguna cultura antecedente específica de ciertos sitios de los Andes Centrales Septentrionales, como: Kotosh, Piruro (Huánuco), Huaricoto (Callejón de Huaylas) y la Galgada (Callejón de Conchucos). Descarta cualquier cultura proveniente de la costa  y respalda la idea de una forma excepcional temprano de arquitectura en la sierra, lamentablemente la falta de evidencias no permite establecer o consolidar esta teoría.  

Conclusiones 

La adaptación del antiguo hombre peruano a su medio y aprovechamiento de recursos de este, permitieron  un avanzado desarrollo en la organización social, económico, político e ideológico que, consecuentemente provocó la formación y proceso de los primeros estados. 

Los aportes de los diversos investigadores antes dela mitad del siglo XIX, deben ser analizados con una nueva perspectiva pero no descartados o considerados como “obsoletos”, pues al ser las primeras investigaciones responden al primer contacto con este periodo.

El espacio geográfico serrano es escenario de grandes aportes a los inicios de la complejidad social. Sin embargo, no debemos dejar atrás el ámbito costeño puesto a que las interrelaciones dadas desde años pretéritos entre la costa y la sierra pueden colocar en tela de juicio donde se inició la complejidad social, quién la traslado a quién dicho proceso cultural o si este hecho fue el producto de proceso simultáneo. 

Bibliografía 

KAULICKE, P. (s. f) “La arqueología del desierto costeño: Ocupaciones tempranas Post- pleistocénicas en la sierra de los andes centrales”.
DILLEHAY, T. (2004) “La arquitectura en los espacios transitorios de la tradición Paiján”. PUCP. Lima. N° 15. Pp. 145-163.


Formación del estado en la costa norte del Perú: caso Ventarrón.

                                                                                              Autor: Quiñones Serran Freddy
Resumen 

La teoría de la formación y desarrollo de estados  hace aproximadamente 3 000 a. C. en nuestro país ha dado hincapié a  un polémico debate en estas últimas dos décadas, con ejemplos como: Caral, Sechín bajo y alto, Ventarrón, entre otros; que obligan a los investigadores especializados en esta época en un más riguroso estudio y análisis de las evidencias que se hallan en estos contextos, sin excluir los aspectos del paisaje, la etnografía, cosmovisión o ideología, y otros aspectos de la misma importancia, para entender la formación de estos primeros estados en el Perú y América indígena. 

Palabras claves: Estado, heterarquía, cosmovisión, paisaje. 

Asbtract 

The theory of the formation and development of states makes approximately 3000 a. C. in our country has given emphasis to a controversial debate in the last two decades, with examples such as Caral, low and high Sechin, Gale, among others; requiring specialized researchers in this time on a more rigorous study and analysis of the evidence found in these contexts, without excluding the aspects of the landscape, ethnography, worldview or ideology, and other aspects of equal importance, to understand the formation of these first states in Peru and indigenous America.

Keywords: State, heterarchy, worldview, landscape.

Introducción

Las características geográficas de la costa peruana permitieron al hombre nómade que llego en bandas y con una pobre organización del trabajo y tecnología hace 11 000 a. p,  en obtener abundantes recursos tanto marinos como agrícolas para su subsistencia. Este factor, tras un proceso de adaptación al medio, facilito el desplazamiento de estos grupos humanos en diferentes patrones  económicos y sociales, durante el final del pleistoceno; obligando la elaboración de diversas y complejas tecnologías, especialización del trabajo y un aumento demográfico que, consecuentemente establecería al hombre en comunidades aldeanas, centros ceremoniales y, posteriormente, en ciudades (Dillehay, 2003, pp. 17). 

Por ello, comprender el marco geográfico en que se desarrollaron los primeros estados andinos es vital  para reconstruir el origen de la agricultura, el establecimiento sedentario del hombre, el nivel de complejidad tanto en la organización social, política, económica e ideológica. De esta forma, estos datos podrían explicar algunas o todas las dudas existentes en el debate acerca del origen de los primero estados de América.

Desarrollo 

Tras un largo proceso, los grupos humanos que se asentaron en la costa de nuestro país se establecieron en comunidades aldeanas aprovechando la mejora climática después del pleistoceno, como es el caso de Paiján tardío (8 000-7 000 a. C.). En los siguientes tres milenios este sistema social fue haciéndose más complejo, hasta el tercer milenio a. C., en donde la construcción de enormes complejos, cuyos antecedentes plantea Dillehay se encuentran en las estructuras públicas de las comunidades aldeanas, revelan el establecimiento de comunidades completamente sedentarias con un intensivo rol agrícola. Sin embargo, Dillehay subraya que no necesariamente la arquitectura pública o monumental responde a un alto desarrollo en la agricultura, sino que ambos son procesos que  pueden ser explicados y entendidos independientemente (2004).

Entonces, qué motivos tuvo el antiguo hombre peruano para construir tan monumentales estructuras, exactamente en esta época. Según Burger & Salazar (2000, pp. 7), el establecimiento de una vida sedentaria trajo consigo el aumento demográfico  y gracias a la abundancia de los recursos agrícolas y marinos, permitieron sostener una población más amplia, lo que implica un mayor número de fuerza de trabajo, dando por resultado estas imponentes construcciones.  Esta cadena de sucesos también produjo una primera estratificación social que se valió de la ideología para unir esta masa de trabajo. Pero, es preciso señalar, tal y como lo afirma Castillo,  que estas estructuras de poder no se centralizan en un individuo o linaje, pues las evidencias halladas, como los contextos funerarios y el registro iconográfico  responden a una posible heterarquía, lo que incluye la presencia de chamanes y un fuerte rol de la mujer (citado por Arcuri & Alva, 2012).

La construcción del complejo arqueológico Huaca  Ventarrón – Collud Zarpan  es la representación física  de la cosmovisión de dicha sociedad y del paisaje que lo rodea. Estos aspectos responden a los rituales que habrían servido  para establecer un vínculo con sus dioses a cambio de algún favor y del control que establecen los primeros grupos con un importante rango social hacia la población, es decir, las ideas que se difunden por medio de imágenes, colores o la forma de las estructuras arquitectónicas, constituyen una condición del éxito político duradero (Burger & Salazar 2000, pp.26).     
Burger & Salazar se refieren a una representación física ya que la montaña y las cuevas subterráneas se hacen presente en la arquitectura por medio de las pirámides en terraza y los patios hundidos, respectivamente, lo que brinda al chamán o la persona encargada de la ceremonia un contacto con lo divino, la unión de los tres mundos: el mundo de arriba (Hanan Pacha), el mundo de los vivos (Kay Pacha) y el mundo de abajo (Uku Pacha) (2000, pp. 8). 

Un ejemplo claro de la materialización de esta ideología que se da en Huaca Ventarrón, afirma Navarrete, se representa en el geometrismo que asocia al recinto Chakana y la adyacente estructura circular hundida, ambas estructuras denotan el concepto del cronotopo en las sociedades amerindias (citado por  ibíd., 2012).
 
Otro aspecto, describen Burger & Salazar, son los ritos que consistían en la transformación  de ofrendas sólidas, colocadas en fogones bajo el suelo, en cenizas y humo, estableciendo un vínculo terrenal con lo celestial, como sucede en Kotosh y otros centros ceremoniales, lo que se considera como tradición Kotosh (2000, pp. 11). Este simbolismo, también es presente en Huaca Ventarrón.
Estos patrones arquitectónicos y simbólicos serían institucionalizados en la mayoría de centros ceremoniales de esta época y tendría  continuidad en épocas siguientes, aunque no solo en este aspecto sino también en la adoración a la araña, el venado y la oposición rojo- blanco, como es el caso de la sociedad moche, afirman Arcuri & Alva (2012). 

Conclusiones 

El acondicionamiento del antiguo hombre peruano a su medio y, los cambios climáticos óptimos de este, permitieron  un avanzado desarrollo en la organización social, económico, político e ideológico que, consecuentemente provocó la formación y proceso de los primeros estados.

La continuidad de ocupaciones durante cinco milenios en el Cerro Ventarrón revelan un complejo nivel de organización social y heterárquico, si tenemos en cuenta los colapsos o decadencias, crisis políticas o ambientales que todo cultura atravesó en su momento. La reestructuración y reorganización después de estos sucesos solo pueden ser atribuidas a sociedades o estados ya establecidos.

La influencia del paisaje y la ideología presente en la arquitectura, no solo estableció un medio para el contacto de lo terrenal con la divino sino también, un control muy bien organizado por los grupos que se convertían en la “elite gobernante”, aunque como se resaltó, el poder no fue centralizado. 

Bibliografía 

ALVA, I & ARCURI, M. (2012) “Urbanismo y estado de los andes prehispánicos. Paisaje y monumentalidad en Ventarrón: Nuevos aportes al debate acerca del origen del estado en el formativo inicial andino”. 
BURGER, R. & SALAZAR, L. (2 000) “Los primeros templos en América”. Pp. 1-28.
DILLEHAY, T. (2003) “Las culturas del pleistoceno tardío en Suramérica”. Editorial Maguaré. Vol. 17. Pp.  15-45.
-          (2004) “La arquitectura en los espacios transitorios de la tradición Paiján”. PUCP. Lima. N° 15. Pp. 145-163.
-          (s. f) “La arqueología del desierto costeño: los primeros pobladores y la primeras sociedades en el litoral”.
                             

           








miércoles, 25 de marzo de 2015

El quipu, un sistema de escritura
The quipu, a writing system

Freddy Esteban Quiñones Serran

Resumen

El Tahuantinsuyu  es un imperio que ha provocado la admiración de muchos investigadores por sus desarrollados sistemas que contribuyeron a controlar el vasto territorio que lo conformó; dicha admiración proviene desde la llegada de los españoles, los cronistas, según lo expresan sus escritos, se sorprendieron de aquellos “bárbaros”, de sus sistemas de caminos, su idioma, su organización social, su riqueza, entre otras cosas, que creían imposible en un tipo de cultura, como las americanas.
En este artículo, se desarrollará el sistema de escritura que, según cronistas como Murúa, Acosta y Cabello Valboa, tuvo el imperio inca a través de la existencia del quipu. Afirmación  que abre a un extenso y polémico debate y, en el cual, nuestra posición respalda a lo que los cronistas, antes mencionados, sustentan. 
       
Palabras claves: quipu, sistema, escritura, crónica.

Abstract

The Inca Empire is an empire that has caused the admiration of many researchers for their developed systems that helped manage the vast territory which formed; such admiration comes from the arrival of the Spaniards, the chroniclers, as expressed in his writings, were surprised those "barbarians", their road systems, language, social organization, wealth, among other things, that thought impossible a kind of culture as American.
In this article, the writer who, according to chroniclers as Murua, Acosta and Hair Valboa, had the Inca empire through the existence of quipu develop. Affirmation that opens to a long and controversial debate, in which supports our position as the chroniclers, above, support.

Key words: quipu, system, writing, chronicle.

Introducción   
           
Por mucho tiempo se ha especulado que los incas debieron contar con algún tipo de “escritura” o algún sistema parecido, que le permitiese manejar o controlar el vasto imperio que tuvieron. Aunque, no solo ellos debieron contar con estos sistemas sino que las culturas que le antecedieron, en algún momento de su historia, incentivadas por la necesidad del control, conservación y difusión de sus historias, debieron  dar inicios a dichos sistemas. Sin embargo, debemos tener en cuenta lo dicho por Gail Silverman:

Desde una perspectiva lingüística, si el signo  no contiene los sonidos del lenguaje no es escritura si no escritura pre alfabética, como el cuneiforme sumerio o los jeroglíficos mayas […] en cambio desde una perspectiva semiótica viene a ser un texto todo aquello que utilice un símbolo para transmitir un mensaje comprensible para el receptor.

En pocas palabras, Silverman plantea que desde la perspectiva semiótica, se puede hablar de escritura en el antiguo Perú.

Enfocándonos dentro del espacio territorial y espacial del Tahuantinsuyu; la búsqueda de dicho sistema residiría en la existencia del  quipu que, según crónicas, era el instrumento donde se guardaba las historias de los pueblos ancestrales, del Tahuantinsuyu, de los incas y sus reinados y, demás cosas que solo los quipucamayos podían descifrar.

Es así, como surgen investigadores que proponen a este instrumento como la “escritura inca”; entre ellos, el pionero en el estudio de los quipus, el investigador italiano Radicati, que a mediados del siglo XX planteó la teoría de la escritura inca a través de los quipus, pero fue rechazado por los científicos sociales, aduciendo que dicha propuesta solo era una fantasía de tendencia indigenista.  Otra investigadora, Carmen Arellana, en su estudio de quipus y tocapus, manifiesta: “[…] mientras en Europa la información se plasmaba a través de escritura alfabética sobre el papel, los incas fijaban la información preferentemente con nudos (quipus) […]”. Arellana llega a esta conclusión después de cuestionar intensamente cómo fue posible el manejo y control de un territorio de más de 2 000 000 Km con 8 000 000 de habitantes (citado por Gargurevich, 2002).

Los estudios por comprobar que el quipu funcionó tan igual como la escritura “descifrable” hoy en día e, incluso tuvo otras funciones; siguen en curso, buscando indicios y evidencias que nos lleven a la verdad científica sobre este enigmático instrumento.   

1.      EL QUIPU

El  inca Garcilaso de la vega describe lo siguiente:

El quipu quiere decir añudar y ñudo, y también se toma por la cuenta, porque los ñudos la daban de toda cosa. Hacían los indios hilos de diversos colores, unos eran de un color solo, otros de dos colores, otros de tres y otros de más, porque los colores simples y los mezclados todos tenían su significación de por sí; los hilos eran muy torcidos de tres o cuatro liñuelos y gruesos como un huso de hierro, y largos de a tres cuartas de vara; los cuales ensartaban en otro hilo por su orden a la larga, a manera de rapacejos. Por los colores sacaban lo que se contenía en aquel tal hilo, como el oro por el amarillo, y la plata por el blanco, y por el colorado la gente de guerra. (1609, Tom. II, Libro VI, Cap. VIII, pág. 203)

El quipu consistía en un cordón grueso que, en la parte superior pendían numerosos cordones verticales delgados y con diferentes nudos que posibilitaban sujetar otros cordeles anexos al cordón grueso y, cuya función primordial era guardar información utilizando un complejo conjunto de percepciones visuales y táctiles; los nudos que estaban en ella eran de diferentes clases y colores.

Se presume que la información registrada en los quipus no solo tenía fines administrativos u numéricos, como la cantidad de curacazgos, de soldados del ejército inca, habitantes de un pueblo sino también de carácter histórico, como los hechos del reinado de cada inca, sus conquistas y otras peculiaridades de sus vidas (Cajavilca, 2009, pág. 105)

1.      1.  Estructura del quipu

Radicati realiza definiciones acerca de los elementos que conforman un quipu en 1951, en su artículo “introducción al estudio del quipu”, como describimos seguidamente:

a)      La cuerda transversal, “madre” o principal

Denominada cuerda “madre”, transversal o principal, ya que de ella cuelgan los otros cordelillos menores. Su tamaño varía desde centímetros  a metros.
Su elaboración era de una cuerda de diez a quince hilos, de mecha simple la cual se doblaba  sobre sí misma y las dos partes se retorcían en sentido derecho o izquierdo, sujetándose el retorcido mediante uno o dos nudos simples en el extremo de la cuerda. En el ojal que se formaba al doblarse la cuerda sobre sí misma para retorcerla, se insertaban,  a veces, mechones de lana u otros objetos. 

b)      Las cuerdas colgantes

Las cuerdas que descienden o cuelgan de la cuerda transversal, se denominan cuerdas colgantes; dichas cuerdas se encuentran conformadas por unos cuantos hilos que dobladas sobre sí mismas, han sido retorcidas en sentido derecho o izquierdo y ajustados al final por uno o dos nudos simples, que impiden que el retorcido se deshaga. Su tamaño va entre los quince y los sesenta centímetros.
Las cuerdas colgantes se encuentran atadas a la cuerda principal de una manera peculiar: por el ojal que está en uno de los extremos de la cuerda y que se ha formado cuando ella fue doblada para retorcerla y convertirla en colgante se hace pasar el extremo opuesto, originando así un lazo corredizo en el cual se ensarta la cuerda principal; luego, se hace correr el lazo  y la principal queda de esta manera cogida fijamente por su colgante. Al lado de esta última se colocan sucesivamente las demás colgantes dando al quipu el aspecto de una verdadera franja, como lo describe Garcilaso: “los hilos eran muy torcidos de tres o cuatro liñuelos, y gruesos como un  huso de hierro, y largos de tres cuartos de vara; los cuales se ensartaban a otro hilo por su orden a la larga, a manera de repacejo” (1609, Tom. II, Libro VI, Cap. VIII, pág. 203)
Las cuerdas colgantes se disponen una cerca de otra, en ocasiones, estaban tan juntas que era difícil percatarse cuál iba antecediendo a la otra. También eran distribuidas en grupos  que se separaban por espacio, color u otra peculiaridad.

c)      Las cuerdas subsidiarias de primer orden

Denominadas cuerdas subsidiarias por que se ramifican de las cuerdas colgantes, con o sin un grupo de nudos, también se descendían desde nudos centrales o inferiores. Son  variables en cantidad, longitud y grosor. De ellas también se refiere Garcilaso: “Algunos de estos hilos tenían otros hilitos delgados del mismo color, como hijuelas” (1609, Tom. II, Libro VI, Cap. VIII, pág. 204)
En lo que respecta a su posición, se encontraba cerca o distante a la cuerda madre, en ocasiones, tan cerca que fácilmente podían ser confundidas por cuerdas colgantes.  
Entre las formas que se emplearon para unir estas cuerdas con las cuerdas colgantes, se tienen registrado dos; la primera, consiste en hacer pasar la cuerda que va a dar lugar a la subsidiaria por el retorcido de la colgante, doblándola luego y retorciéndola hasta su final que se sujeta con uno o dos nudos simples y, la segunda, es la misma que se utiliza para unir las cuerdas colgantes a la cuerda transversal.
d)     Las cuerdas subsidiarias de segundo orden
Denominadas así porque descienden o cuelgan de otra subsidiaria. Poseen las mismas características que las cuerdas subsidiarias de primer orden.



Figura N°1: Cuerdas que conforman un quipu. Fuente: Museo chileno de arte precolombino. Tomado de G. Urton

e)      Los nudos

Se debe a la presencia de los nudos el nombre del instrumento (quipu). Se caracterizan por encontrarse en las cuerdas colgantes y subsidiarias, rara vez se pueden hallar en la cuerda principal.
Entre los nudos que han sido posibles registrar, hallamos:                                             
  •            El nudo simple es un nudo normal, que Nordenskiöld y Locke definen como “overkand knot”.
  •       El nudo en ocho, llamado por Locke y Nordenskiöld nudo “flamenco” y por Altieri nudo “doble”, posee cierto nivel de complejidad, ya que se debe dibujar con la mano la figura del número mencionado.
  •   El nudo compuesto,  que consiste en algunas vueltas en espiral, que varían de dos a nueve. Locke y Nordenskiöld la denominaron “long knot”
  •          El nudo a ojal, de varias modalidades y señalado primeramente por Cipriani y luego por Altieri. Tiene una parte de la cuerda colgante que dibuja un cirulo u ojal.
  •          El nudo que sujeta un mechón de lana, citado  por Cipriani.

Es preciso resaltar que, de la misma forma como están distribuidas las cuerdas por su color, grosor u otra peculiaridad, ya que se deben a una interpretación que los quipucamayoc debían entender, los nudos también se rigen por este criterio sistemático. Esto es posible observar al examinar un quipu, puesto que mayormente los nudos simples se encuentran en la parte superior de la cuerda y  los nudos compuesto, en la parte inferior. Esta distribución sistemática se presenta en las cuerdas colgantes y subsidiarias, tanto de primer como de segundo orden (Ibíd., 1951, pág. 75-77). De igual manera, nos describe Garcilaso, en las siguientes líneas:

“En lo más alto de los hilos ponían el número mayor, que era el decena de millar, y más abajo el millar, y así hasta la unidad. Los ñudos de cada número y de cada hilo iban parejos unos con otros, ni más ni menos que los pone un buen contador para hacer una suma grande.” (1609, Tom. II, Libro VI, Cap. VIII, pág. 204.)


                                                                                      

      Figura N° 2: Formas de hacer un nudo de un quipu. Fuente: Locke 1978 (1923).


  2. Colores                                                                                                                                                                                                                                                                                          
Los colores son otro de los aspectos fundamentales de un quipu, ya que su uso variable representaba una interpretación establecida, una diferenciación de las cuerdas que tenía una específica finalidad.
Radicati subraya que le resultó difícil trabajar acerca de este tema, ya que, en su mayoría, las cuerdas, por factores naturales (desteñido de los colores) y antrópicos (quemados y destruidos), no precisan su color. Sin embargo, con ayuda de las crónicas puede establecer cierta distribución; por ejemplo, Garcilaso indica que “hacían los indios de diversos colores, unos de un solo color, otros de dos colores, otros de tres y otros de más” (1609, Tom. II, Libro VI, Cap. VIII, pág. 203)

La variedad de estos colores que se presentan en un quipu puede ser numerosa, aunque también han sido hallados quipus sin haber sido teñidos, es decir, son del color natural del material con que fueron hechos.  Entre la gama de colores, los más referentes por los cronistas, como Garcilaso, Calancha y Murúa, son: el amarillo, el rojo, el azul, el verde, el morado, el negro y el carmesí.

1.      3.  Material       

Los quipus fueron elaborados, en su mayoría, de algodón- afirmación que se sustenta en hallazgos de quipus de este material-, pero también, de lana de camélidos (llama, alpaca, venado o ciervo “taruga”) como lo sostienen Altieri y Molina, según lo describe Guamán Poma.

Radicati sostiene que el hecho de que se hallan encontrado mayormente quipus de algodón, se debe a dos factores; el primero, es que estos quipus han sido encontrados, en su mayor parte, en la costa, donde el algodón abunda y, la segunda, es que gracias a los factores climáticos costeños ha sido posible su preservación hasta nuestros tiempos, caso que no sucede en la sierra que, por sus agentes naturales destructores, sumados al tiempo, no es posible hallar una gran cantidad de este instrumento (1951, pág.68 -69)  

1.      4. Clasificación de los quipus

El quipu posee diversas funciones y/o temáticas y, ello lo podemos descifrar por lo que menciona Acosta: “[…] porque para diversos géneros, como de guerra, de gobierno, de tributos, de ceremonias, de tierras, había diversos quipos o ramales […]” (1590, Libro VI, cap. VIII, pág. 245)

a)      Quipu histórico

El cronista Murúa menciona:

“También suelen tener otros cordeles de cuenta y quipus de cosas pasadas de sus Ingas y de sus leyes y gobiernos y hazañas que cada uno hacía, así en las conquistas como en las guerras, y en todas las demás cosas de sus antepasados, los Reyes e Ingas deste Reino, y de sus descendencias y de las naciones […]; pero lo que a mí más me espantaba es  que por los mismos cordones y nudos contaban las sucesiones de los tiempos y cuanto reino [tal] Inga, y si fue bueno o malo, fue valiente o cobarde; todo, en fin, lo que se podía sacar de los libros, se sacaba de allí, […] ”( 1946, libro III, cap. XXV, pág. 255).

En otras referencias, declara:

“[…] y así antiguamente, tenían grandes montones de esta cuerda a maneras de registros, como los tienen los escribanos, y allí tenían sus archivos…y de tal manera, que el que quería algo, no tenía más que hacer de irse a los que tenían este oficio y preguntarles cuanto ha que acaeció esto  […] el quipucamayoc o contador sacaba sus cuerdas y daba razón de ello, sin faltar un punto” (1946, libro III, cap. XXV, pág. 224-225).

De similar referencia, Garcilaso dice:

“a estos quipucamayoc acudían los curacas y los hombres nobles de sus provincias a saber las cosas historiales que de sus antepasados deseaban saber o cualquier otra acaecimiento notable que hubiese pasado en aquella tal provincia; porque éstos como escribanos y como historiadores, guardaban los registros, que eran los quipus anales que de los sucesos dignos de memoria se hacían […]” (1609, Tom. II, Libro VI, Cap. VIII, pág. 205).

A estos cronistas, se une Molina, al expresar: “entendíase y entiéndese tanto por esta cuenta, que dan razón de más de quinientos años de todas las cosas que en esta tierra en este tiempo han pasado” (1959, Cap. III, pág. 21).

b)      Quipus de leyes y ordenanzas, ritos y ceremonias

El cronista mestizo, Garcilaso expresa lo siguiente:

“Por la misma orden daban cuenta de sus leyes y ordenanzas, ritos y ceremonias, que por el color del hilo y por el número de los ñudos sacaban la ley que prohibía tal o tal delito y la pena que se le daba al quebrantador de ella. Decían el sacrificio y ceremonia que en tales y tales fiestas se hacían al sol. Declaraban la ordenanza y fuero que hablaba en favor de las viudas, o de los pobres o pasajeros; y así daban cuenta de todas las demás cosas tomadas de memoria por tradición. De manera, que cada hilo y ñudo les traía a la memoria lo que en sí contenía, a semejanza de los mandamientos o artículos de nuestra santa fe católica y obras de misericordia, que por el número sacamos lo que debajo de él se nos manda” (1609, Tom. II, Libro VI, Cap. IX, pág. 205)

c)      Quipus numéricos, matemáticos o de administración

Refiriéndose a esta clase de quipu, Garcilaso nos relata:

“Los ñudos se daban por su orden de unidad, decena, centena, millar, decena de millar, y pocas veces o nunca pasaban a la centena de millar; porque como cada pueblo tenía su cuenta de por sí, y cada metrópoli la de su distrito, nunca llegaba al número de éstos o de aquéllos o tanta cantidad que pasase la centena de millar, […]  Mas si se ofreciera haber de contar por el número centena de millar también lo contaran, porque en su lenguaje pueden dar todos los números del guarismo como él los tiene; más porque no había para qué usar de los números mayores no pasaban del decena de millar […]” (Tom. II, Libro VI, Cap. VIII, p. 204).

Esta clase de quipu permitió controlar los tributos de los curacazgos al Tahuantinsuyu, de una forma práctica y eficiente - posteriormente los españoles se interesaron en el estudio de estos quipus para los mismos fines-, tal y como es descrito por Cieza:

“En cada cabeza de provincia había contadores a quien llamaban quiposcamayos, y por estos nudos tenían la cuenta y razón de lo que habían de tributar los questaban en aquel distrito, desde la plata, oro, ropa y ganado, hasta la leña y las otras cosas más menudas, y por los mismos quipos se daba a cabo de un año, o de diez o de veinte, razón a quien tenía comisión de tomar la cuenta, tan bien que un par de alpargatas no se podían esconder”(1550, cap. XII, pág. 35-36).

El quipu numérico permitió también conocer el avanzado estudio en las matemáticas, según se deduce por lo mencionado por López de Gómara: “Cuentan uno, diez, ciento, mil, diez cientos, de miles, y así van multiplicando. Traen las cuentas por piedras y por ñudos en cuerdas y es tan cierta y concertada, que los nuestros se maravillan” (2003, tomo I, pág. 278) 

d)     Quipus de estado civil de la población

Es conocido el uso del quipu para censar la cantidad los pueblos que albergaba el Tahuantinsuyu, sin embargo, no solo se registraba la cantidad de habitantes, sino también la condición civil  de cada uno de ellos. Garcilaso manifiesta:

“algunos de estos hilos tenían otros hilitos delgados del mismo color, como hijuelas, o excepciones de aquellas reglas generales, como digamos en el hilo de los hombres y mujeres de tal edad, que se entendían ser casados, los hilitos significaban el número de los viudos o viudas que de aquella edad había aquel año; porque estas cuentas eran anuales y no daban razón más que de un año solo”. (1609, Tom. II, Libro VI, Cap. VIII, pág. 204)

e)      Quipus en el uso del adoctrinamiento

Los sacerdotes españoles emplearon este instrumento para facilitar la enseñanza y de la doctrina cristiana en los indios. Entre uno de los pasajes que describe este uso, encontramos a                       padre anónimo, quien manifiesta:

“pues para que tu confession sea buena, y agrade a Dios. Lo primero, hijo mío, has de pensar bien tus peccados, y hazer quipos dellos: como hazes quipo, quando eres tambo camayo, delo q das, ydelo q te deven: assi haz quipo delo que has hecho, contra Dos y contra tu próximo, y quantasvezes, si muchas, o si pocas” (1585, sermón XII, pág. 68).

De similar forma, el padre Acosta revela:

“Yo vi un manojo  de estos hilos, en que una india traía escrita una confesión general de toda su vida, como yo lo hiciera por papel escrito; y aún pregunte de algunos hilillos que me parecieron algo diferentes, y eran ciertas circunstancias que requería el pecado para confesarle enteramente” (1950, Libro VI, cap. VIII, pág. 245)

2.      EL QUIPUCAMAYOC

El quipucamayoc era un tipo de “escribano” en el antiguo Perú que, según el inca Garcilaso  de la Vega, era preparado en escuelas que se encontraban en el Cuzco:

“Para decir los barrios que quedan, me conviene volver al barrio Huacapancu, que es puerta del santuario, que estaba al norte de la plaza principal de la ciudad, al cual se le seguía, yendo al mediodía, otro barrio grandísimo cuyo nombre se me ha olvidado; podrémosle llamar el barrio de las Escuelas, porque en él estaban las que fundó el rey Inca Roca, como en su vida dijimos. En indio dicen Yacha Huaci, que es casa de enseñanza. Vivían en él los sabios y maestros de aquella república, llamados amauta, que es filósofo, y haravec, que es poeta, los cuales eran muy estimados de los Incas y de todo su imperio; tenían consigo muchos de sus discípulos, principalmente los que eran de la sangre real.” (1609, Tom. II, Libro VII, Cap. X, p. 260).

En otro pasaje menciona:

“[…] obligados por el oficio estudiaban perpetuamente en las señales y cifras que en los nudos había, para conservar en la memoria la tradición que de aquellos hechos famosos tenían, porque, como historiadores, habían de dar cuenta de ellos cuando se la pidiesen, por el cual oficio eran reservados de tributos y de cualquiera de otro servicio, y así nunca jamás soltaban los nudos de las manos” (1609, Tom. II, Libro VI, Cap. VIII, pág. 205-206).

Miguel Cabello Valboa nos brinda más detalle de esta enseñanza:

“[…] y estos yban enseñando, y emponiendo á otros desde muchachos dándoles siempre lición, y doctrina de cada cosa, y en la duración de la tal enseñanza los atormentauan a pellizcos en sus desnudas carnes a fin de que con más promptitud retuviesen la lección de aquel día y de esta manera quedaban tan expertos, y doctos en aquel arte que confacilidad daban cuenta de lo que les preguntaua en cosas tocantes á subcesos passados de casi tiempo de  800 años” (1951, Tercera parte, cap.VI, pág. 239-240)


Figura N°3: El quipucamayo. Fuente: Nueva crónica y buen gobierno, Felipe Guamán Poma.


Estos textos demuestran contundentemente que no cualquiera podía ser quipucamayoc sino que debía seguir un duro proceso de enseñanza para manejar y descifrar un quipu, dato que nos revela el sofisticado sistema que poseían los incas.

Discusión

Se ha presentado una clasificación referente a los quipus, en el cual, se encuentra la descripción de quipus históricos, de leyes, educación, ordenanzas, ritos y ceremonias, es decir, de carácter social que, de una u otra forma, revelan al quipu como un sistema de escritura, no solo en épocas de los incas, sino probablemente mucho tiempo antes, ya que se han hallado quipus en Caral, ciudad que cuenta con aproximadamente 5 000 años de antigüedad. Por lo que es imposible que, durante este tiempo hasta el tiempo inca, el quipu no haya evolucionado hasta tomar las funciones y características que las crónicas y excavaciones arqueológicas han registrado. Por el momento, no se puede establecer cronológicamente –y, con ello, tampoco la filiación cultural- desde cuando el quipu obtuvo dichas funciones y características, debido a la ausencia de evidencias y estudios. Pero se propone, en este artículo, que el Tahuantinsuyu debió haber instalado este sistema, como sucedió con los sistemas de caminos, de agricultura, entre otros; ya preestablecidos por culturas preincaicas.

El principal referente que opaca o elimina la posible teoría del quipu como un sistema de escritura es el inca Garcilaso de la Vega, cuando expresa en una breve frase: “[…] porque el nudo dice el número, mas no la palabra” (1609, Tom. II, Libro VI, Cap. VIII, pág. 205). Afirmación que muchos de los investigadores citan para rechazar contundentemente un sistema de escritura en el antiguo Perú. Sin embargo, en unas líneas más adelante declara, después de describir la necesidad que conllevó a crear y usar el quipu: “Esta fue la manera del escribir que los incas tuvieron en su república”. ¿Contradictorio? No lo creo. Garcilaso tan solo expresa la posición ideológica de una época que consideraba a las culturas americanas como inferiores y, el no tener escritura empeoraba más la situación de estas culturas. Además, es preciso resaltar, que los conquistadores solo le dieron importancia a los quipus numéricos o administrativos porque le eran más sencillos y servibles para obtener la información que le garantizase el control del tributo en cada curacazgo y/o reducción de indios del reino del Perú. Y los quipus de carácter social, ya antes descritos, solo eran obstáculos para sus ambiciosos planes, para imponer su religión, su idioma y, tantas otras cosas que trajeron; porque los españoles respetando la costumbre occidental de eliminar las ideologías, cosmovisión, costumbres, en general, la cultura de los pueblos conquistados, relegaron y eliminaron quizá cualquier entendimiento de estos quipus.

Lo que si acepta Garcilaso es el uso de la tradición oral para conservar y transmitir la historia de sus ancestros y la función numérica del quipu,  que se debe a una experiencia de cuando vivía aún en el Perú: “Yo traté los quipus y nudos con los indios de mi madre, y con otros curacas, cuando por San Juan y Navidad venían a la ciudad a pagar sus tributos”.  Como es posible entender, solo tuvo contacto directo con quipus de carácter numérico, ya que como sabemos Garcilaso escribe su obra “Los comentarios reales de los incas” a  base de sus experiencias de la niñez y juventud en el Perú y con cartas de sus familiares cuando vivía en España, por lo que algunas veces se ha dudado de sus escritos.

Así como es posible deducir en los escritos de Garcilaso el “rechazo” del quipu como un sistema de escritura, podemos hallar citas textuales donde es claro y concreto todo lo contrario; por ejemplo, Cabello Valboa manifiesta: “Ansi como las demás gentes del Mundo tuvieron instrumentos, y artificios para guardar y retener sus memorias cosas dignas de ellas, ansi también nuestros Yndianos no carecieron de esta industria y abilidad” (Tercera parte, Cap. IV, pág. 239). Contribuye más preciso Acosta cuando declara: “Es increíble lo que en este modo alcanzaron, porque cuanto los libros pueden decir de historia, y leyes, y ceremonias y cuentas de negocios, todo eso suplen los quipus tan puntualmente, que admiran[…]así como nosotros de veinte y cuatro letras, guisándolas en diferentes maneras, sacamos tanta infinidad de vocablos, así éstos de sus ñuños y colores sacaban innumerables significaciones de cosa” (1590, libro VI, cap. VIII, pág. 245)

Ambas citas revelan el sofisticado sistema del quipu y, sobre todo, ven en este instrumento un “sinónimo” de la escritura que conocían en ese entonces. En primera instancia Cabello Valboa, no diferencia ni aísla a las culturas americanas, en específico, la incaica de las demás culturas  que tuvieron escritura sino que la agrupa dentro de ellas. En una similar forma, Acosta compara la escritura que ellos tienen con el sistema del quipu, manifestándose sorprendido por los idénticos resultados que ambos pueden obtener.

Conclusiones

Los quipus hallados en Caral nos revela la existencia antiquísima de este instrumento, por lo que es probable el uso de este instrumento, ya como se conoce en la época inca, por culturas preincaicas.

Los españoles estudiaron y dieron gran importancia los quipus de carácter numérico porque éste le permitía acceder a la información necesaria para controlar a los indios del reino del Perú, específicamente en los tributos. Caso contrario sucede en los quipus de carácter social que, por su complejo estudio y el peligro que representaban para la imposición de político, social y religioso que traían fueron menospreciadas, olvidadas y quizá eliminadas intencionalmente. Incluso podría sustentarse la prohibición de su uso en la época colonial, como sucedía con todo aquella que amenazaba sus pensamientos, ideología y religión.

El prejuicio de comparar o adoptar las culturas americanas dentro de los márgenes de las culturas occidentales nos puede llevar a cometer dolosos errores, en este caso, rechazar cualquier posibilidad como un sistema de escritura, por el hecho de ser algo peculiar y nunca antes registrados o hallados fuera de los límites del Tahuantinsuyu, podría convertirnos en los verdugos del atraso de la arqueología peruana.

El simple hecho que, tanto los españoles como los científicos sociales de nuestro tiempo, no hayan podido descifrar un quipu de carácter social, no es evidencia de que este instrumento no posea una función similar e, incluso, idéntica a los sistemas de escritura descifrables actualmente. Tengamos en cuenta que los sistemas de escritura  de la antigüedad, como la sumeria, la egipcia, maya, entre otras; necesitaron prolongados tiempos e intensos estudios para ser descifrados.                                                                                                                                                                                                                                                                                                               
Agradecimientos

Antes que nada, agradezco a Dios por haberme dado la capacidad para realizar este trabajo, a mi familia que me brindó los medios para alcanzar la elaboración de este trabajo, a mi estimado profesor Julio César Fernández Alvarado y a la profesora en historia, Ninfa Idrogo Cubas, por haberme brindado bibliografía valiosa para llevar a cabo este trabajo.

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